Rosa Gallardo

Rosa Gallardo: “La transformación digital necesita políticas públicas con soluciones pensadas desde la experiencia de la mujer rural”

Rosa Gallardo, Directora de la Cátedra Internacional de Inteligencia Artificial y Agricultura (Universidad de Córdoba – España)

Efectivamente la conectividad es uno de los obstáculos a los que nos enfrentamos para avanzar en la utilización de herramientas digitales que permitan a las explotaciones agrícolas y ganaderas optimizar sus decisiones. Para superar este reto, están surgiendo tecnologías que permiten llevar conectividad fiable y suficiente a estas zonas, muchas de ellas combinadas entre sí. Son tecnologías para las que ya existen ejemplos reales de aplicación en zonas rurales, donde la conectividad estaba representando un problema para el avance de la transformación digital.

La primera de ellas son las Redes LPWAN (Low Power Wide Area Networks), que permiten transmitir pequeñas cantidades de datos a largas distancias con un consumo energético muy bajo, lo que las hace ideales para sensores distribuidos por toda una explotación. Ejemplos de este tipo de redes son LoRaWAN, Sigfox o NB-IoT. Otra posibilidad es la conectividad por satélite, son nuevas constelaciones de satélites de órbita baja (LEO), como Starlink (SpaceX) o OneWeb, que están cambiando el panorama de la conectividad rural, proporcionando acceso a internet de alta velocidad en zonas donde no llegan ni la fibra ni el 4G. Otra tecnología son las redes malladas (mesh networks), que representan una solución local que permite ampliar la cobertura de una red creando nodos que se comunican entre sí. La combinación de varias tecnologías suele ser la mejor estrategia. Por ejemplo, sensores que se comunican por LoRaWAN con una gateway instalada en la finca, que a su vez transmite los datos mediante 4G o satélite.

De cualquier forma, la infraestructura de fibra óptica rural, aunque más costosa y de despliegue lento, sigue siendo la solución más robusta y a largo plazo. Se están desarrollando planes nacionales y europeos para llevar la fibra a municipios pequeños y áreas agrícolas clave.

Sin duda el ritmo de avance de la transformación digital será similar a la capacidad que tengamos para atraer e incorporar jóvenes al sector. La transformación digital del sector agroalimentario representa una oportunidad clave no solo para mejorar la eficiencia y sostenibilidad de las explotaciones, sino también para abordar uno de los grandes desafíos del medio rural: el relevo generacional. La digitalización tiene el potencial de cambiar la percepción que las nuevas generaciones tienen del sector agrario, ya que implica la utilización de herramientas que transforman la manera de trabajar, mejoran la calidad de vida y abren el camino a nuevos perfiles profesionales vinculados al agro, desde técnicos en innovación hasta emprendedores digitales.

Hoy, un joven puede gestionar su explotación desde el móvil, usar drones para monitorizar cultivos, aplicar modelos predictivos para tomar decisiones agronómicas o comercializar sus productos directamente a través de canales digitales. Esta realidad se alinea también con los valores de las nuevas generaciones, especialmente en lo referente a la sostenibilidad ambiental, el bienestar animal o la lucha contra el cambio climático. Por otra parte, la mejora de la conectividad en zonas rurales a la que hemos hecho referencia antes, facilita el acceso a servicios digitales, formación online, trabajo remoto y redes de colaboración, lo que reduce el aislamiento y amplía las oportunidades de empleo, emprendimiento y desarrollo profesional en el medio rural.

Para que todo esto se traduzca en una incorporación real de jóvenes al sector, es necesario garantizar que todos los territorios cuenten con infraestructuras digitales adecuadas, impulsar programas de formación especializada, fomentar modelos de negocio innovadores y visibilizar referentes jóvenes que ya están transformando el campo desde la tecnología y la sostenibilidad. Es necesario diseñar e implementar estrategias efectivas para la incorporación de jóvenes a la agricultura. Dar respuesta a la problemática del relevo generacional no es tarea fácil, ya que el apoyo a la incorporación a la actividad agraria no es un tema sólo de incentivos económicos, es necesario concienciar a todos sobre la importancia económica, social y medioambiental que tiene la renovación de la población agraria.

Rosa Gallardo

Universidad de Córdoba (España)

Dar respuesta a la problemática del relevo generacional no es tarea fácil, ya que el apoyo a la incorporación a la actividad agraria no es un tema sólo de incentivos económicos, es necesario concienciar a todos sobre la importancia económica, social y medioambiental que tiene la renovación
de la población agraria”

Si partimos de la idea de que la transformación digital debe poner a las personas en el centro, apoyar a las mujeres emprendedoras rurales no es solo justo y necesario, sino también estratégico: ellas representan una fuerza motriz de innovación, de sostenibilidad y de cohesión social. En este contexto, la digitalización, bien orientada, puede convertirse en una aliada clave para mejorar las condiciones de vida y el desarrollo profesional de las mujeres emprendedoras en el medio rural. Pero para lograrlo, debe considerarse la realidad a la que ellas se enfrentan. Muchas de ellas ponen en marcha proyectos con fuerte componente social, comunitario o medioambiental, que no siempre encajan en los modelos clásicos de emprendimiento.

Las herramientas digitales pueden facilitar el bienestar de las emprendedoras rurales y pueden ayudar a impulsar sus modelos de negocio facilitando trámites, automatizando procesos administrativos o permitiendo el acceso remoto a asesoramiento técnico y jurídico. Además, la digitalización permite acceder a redes de apoyo, formación y comercialización que tradicionalmente han estado fuera del alcance de muchas mujeres rurales. A través de entornos virtuales, pueden participar en comunidades de aprendizaje, recibir mentoría, asistir a talleres en línea o establecer alianzas con otras emprendedoras. Estas redes son clave no solo para el crecimiento profesional, sino también para combatir el aislamiento, reforzar el liderazgo y generar confianza. En el plano económico, las tecnologías digitales permiten a las emprendedoras ampliar el alcance de sus productos y servicios más allá del entorno local. Desde la creación de tiendas online hasta la gestión de redes sociales… la digitalización puede, por tanto, abrir nuevas vías de ingresos, diferenciación y posicionamiento, sin necesidad de abandonar su territorio.

Una adecuada transformación digital del medio rural puede ser una palanca clave para favorecer la conciliación familiar y, con ello, impulsar el emprendimiento femenino en entornos donde las cargas de cuidado, la falta de servicios y el aislamiento geográfico dificultan de forma clara el desarrollo profesional de las mujeres.

En primer lugar, la digitalización reduce la necesidad de presencia física constante en ciertos procesos, ya que gracias a herramientas de gestión online, plataformas de e-commerce, atención virtual al cliente o sistemas automatizados, muchas tareas se pueden realizar desde casa o en horarios más flexibles. Esto permite a las mujeres organizar su tiempo de una forma más compatible con sus responsabilidades familiares, sin tener que renunciar a su actividad económica o emprendedora.

Además, el acceso a la formación digital en remoto es fundamental. Muchas mujeres rurales no pueden desplazarse con frecuencia a núcleos urbanos para formarse o participar en programas de emprendimiento. La virtualización de estos recursos —siempre que se acompañe de buena conectividad y apoyo técnico— les permite seguir aprendiendo, actualizándose y desarrollando habilidades clave sin tener que alejarse de su entorno ni de sus responsabilidades familiares.

Otro aspecto fundamental, como se ha señalado anteriormente, es el acceso a redes de apoyo y colaboración online, que no solo favorecen el crecimiento profesional, sino que también ofrecen un espacio de escucha y acompañamiento. Sentirse parte de una comunidad, aunque sea virtual, ayuda a reducir la sensación de aislamiento y a compartir estrategias para gestionar tanto los retos del negocio como los de la vida cotidiana.

Por otra parte, la digitalización también puede facilitar nuevas formas de empleo rural descentralizado que se ajusten a las necesidades de conciliación: trabajos por proyecto, prestación de servicios digitales, teletrabajo o comercio electrónico de productos elaborados localmente. Estos modelos permiten generar ingresos sin necesidad de abandonar el territorio ni encajar en modelos rígidos de jornada laboral.

Ahora bien, para que esto sea realmente efectivo, la transformación digital debe ir acompañada de políticas públicas adecuadas: no se trata solo de proporcionar tecnología, sino de asegurar conectividad, facilitar el acceso a dispositivos, ofrecer formación adaptada y, sobre todo, diseñar soluciones pensadas desde la experiencia real de las mujeres rurales

Rosa Gallardo

Universidad de Córdoba (España)

La transformación digital debe ir acompañada de políticas públicas adecuadas: no se trata solo de proporcionar tecnología, sino de asegurar conectividad, facilitar el acceso a dispositivos, ofrecer formación adaptada y, sobre todo, diseñar soluciones pensadas desde la experiencia real de las mujeres rurales

Las tecnologías no deben abrir nuevas brechas o no deben ampliar las ya existentes. Esto puede suceder si los modelos ignoran la heterogeneidad de la realidad agraria. Es cierto que en Europa se está avanzando hacia un desarrollo más inclusivo y responsable de la IA en el agro. El informe anual del Panel for the Future of Science and Technology (STOA) del Parlamento Europeo sobre IA en el sector alimentario destaca la necesidad de incorporar valores éticos y sociales, como fiabilidad, transparencia, equidad y responsabilidad, al diseñar sistemas de IA. Plantea explícitamente la necesidad de modelos “centrados en las personas” que potencien el conocimiento local sin desplazarlo. Esto se traduce en instrumentos regulatorios concretos como la Ley de Inteligencia Artificial de la UE, vigente desde el 1 de agosto de 2024. Por su parte la Política Agrícola Común (2023‑27) incluye la digitalización como objetivo transversal, respaldando proyectos de IA que combinan innovación tecnológica con criterios de sostenibilidad y equidad.

La participación de las mujeres en los procesos de transformación digital en el sector agrario se ve limitada por diferentes tipos de barreras, que en algunos casos se retroalimentan. Una de las principales es el acceso desigual a la tecnología: muchas mujeres rurales siguen teniendo menos acceso que los hombres a dispositivos digitales, redes de internet o servicios digitales, lo que dificulta su incorporación activa a procesos de digitalización agrícola. Otra barrera es la falta de formación digital específica, especialmente adaptada a sus realidades y necesidades. La oferta formativa a menudo no contempla la conciliación, los horarios flexibles o los niveles de conocimiento previos que muchas mujeres rurales requieren. Además, la formación técnica a veces no considera las competencias digitales aplicables a modelos de negocio más sociales, sostenibles o comunitarios, en los que muchas mujeres están implicadas.

También influyen los estereotipos de género que siguen asociando la tecnología a lo masculino. Esta percepción limita la autoestima digital de muchas mujeres y su disposición a participar en procesos innovadores. Por otro lado, el exceso de burocracia digital y la falta de servicios de acompañamiento también suponen un freno. Muchas mujeres emprendedoras se ven desbordadas por trámites electrónicos complejos, plataformas poco intuitivas o la necesidad constante de actualización. Sin recursos de apoyo, esto genera frustración y exclusión.

Rosa Gallardo

Por tanto, las barreras sí existen, y son importantes, pero se están impulsando algunas iniciativas y políticas que están tratando de hacer frente a esta situación. Por ejemplo, programas apoyados por la PAC y el Plan de Recuperación español están impulsando acciones de formación digital con enfoque de género. Se promueven espacios de capacitación adaptados a mujeres rurales, especialmente en habilidades tecnológicas aplicadas a la gestión agroalimentaria, la comercialización digital o la trazabilidad. También existen ejemplos de proyectos piloto de innovación social en los que la digitalización se vincula a modelos de negocio liderados por mujeres, con un enfoque más sostenible y comunitario.

Queda mucho por hacer para ir reduciendo la brecha digital de género en el sector agrario. Es necesario combinar el acceso a tecnología, la formación adaptada, el acompañamiento técnico, la visibilidad de referentes femeninos en el ámbito tecnológico y una revisión profunda de los roles que limitan la autonomía digital de las mujeres en el medio rural.

Las mujeres emprendedoras del medio rural son un elemento esencial de la transformación de los sistemas alimentarios y del desarrollo de los territorios rurales. La transformación digital es una dimensión más de estos procesos de transformación integrales y las emprendedoras rurales deben ser parte activa y esencial de ellos.

El camino no es fácil, pero la tecnología, cuando se pone al servicio de las personas, puede abrir caminos que antes parecían imposibles: mejorar la conciliación, ampliar mercados, acceder a redes de apoyo, hacer más sostenibles los proyectos, ganar autonomía y visibilidad. Es posible trabajar para redefinir el uso de lo digital desde sus propios valores, ritmos y formas de emprender.

La participación activa de las emprendedoras rurales es necesaria y posible a través de diferentes fórmulas: participando en programas de formación, impulsando redes de mujeres rurales digitales, estrechando relaciones con cooperativas, universidades o centros tecnológicos, ocupando espacios y visibilizando el papel esencial que desempeñan. Las emprendedoras rurales son clave no solo para sostener el tejido económico local, sino también para lograr una transformación digital más humana y más arraigada al territorio.

Rosa Gallardo

Universidad de Córdoba (España)

Las mujeres emprendedoras del medio rural son un elemento esencial de la transformación de los sistemas alimentarios y del desarrollo de los territorios rurales“.